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Testimonio Autobiográfico en base a un antes y un después (parte 2)

Después…

Esa ceremonia me transformó para siempre. Sucedió que dejé de sentirme aislada, luchando por un lugar en el mundo. Se me reveló la certeza de que no soy sólo este cuerpo que habito, que mi ser trasciende estos límites que  entendemos como “yo”. El mundo es la extensión total de nosotros de lo que tratamos de designar como “yo”, y es allí, en ese único sitio, donde pasan todas las calamidades y donde se transforman todas las cosas. Esto no fue un descubrimiento metafísico o una conversión a una ideología, fue una auténtica revelación sentida por todas mis células. El fenómeno musical apareció como una experiencia capaz de producir una profunda sanación al desaparecer la distancia entre quienes escuchan y quienes tocan, todo es una sola vibración. Este tipo de entrega hacia los demás trasciende el interés que da de comer al ego. Es como si me llenara de amor y entonces se me hiciera claro el sentido verdadero de ser música.

El sueño ilusorio de la fama y del mercado se terminó como cuando una se despierta de una pesadilla o se restablece de una enfermedad. El ego en búsqueda de reconocimiento ya no tenía una realidad donde asirse. Reconocí el compromiso, el reto de ejercer la música como un servicio, empecé a amar profundamente todo cuanto hacía. En la medida en que consigo actuar en base a esta premisa de amor considero que tengo éxito en mi vida.

Conocí a Marisol Bock,que ahora nos acompaña en todo lo más importante, y nos pusimos a trabajar en vislumbrar una Educación para la Paz a través de la Música. Nos dimos cuenta de que participar activamente con la música en pro de un cambio social tenía que empezar por los niños. Y los niños no son sólo esos seres pequeños que van a la escuela. Era necesario fabular una escuela encantada que a través de la música llegara al corazón de todos los niños que somos, que nunca dejamos de ser. Realmente esto estaba en conexión con la idea original de la música como medicina que había ya surgido en las Nanas Urbanas que no era en realidad un CD exclusivamente para niños, y conllevaba esa idea de que los adultos necesitamos ser arrullados y a la vez despertar al niño que todos llevamos dentro, la música como medicina emocional que desentierra la confianza, impulsa la creatividad, y despierta la empatía con los demás. He comprobado innumerables veces la potencia de estos “efectos” curativos, es el antídoto contra la soledad lo que elimina la violencia.

Nos inventamos Rosalia Mowgli y La Escuela Encantada a partir de estas convicciones. En un principio para dar conciertos participativos para los niños y sus profesores en los colegios y salas con programación infantil con David Larrínaga (voz, sitar, guitarra) y Luis Gálvez (percusiones) poco después entró Marisol con quien también trabajamos el duo Chichía y Malús. Con ella estoy incorporando la noción de Escuela, no sólo concierto, un concepto más amplio que incluye explícitamente a los adultos con énfasis en las mujeres, para que la música sirva como herramienta para trabajar la paz.

El arte sólo tiene sentido si sirve para recuperar la salud de la madre tierra es decir nuestra propia cordura.

Rosalia Mowgli es el podo que me puse por amor al personaje de Kipling cuya lectura llenó mi imaginario infantil, fui encarnando ese síndrome de quien no pertenece ni enteramente a los humanos ni tampoco a los lobos, habitando esa franja de lo salvaje que quiere regresar y conducir una existencia libre y desnuda y en armonía con la naturaleza. En realidad estamos continuamente evolucionando de un modo que no es lineal y absoluto. De modo que para darle punto final a este escrito diría que toda mi vida no es otra cosa que el camino de un ser que va de las sombras a la luz y que ha elegido la música como instrumento.