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Mis principlaes Maestros

Creo importante honrar los antecedentes de los maestros que han sido principales protagonistas de mi educación como ser humano y como música. Intentar una lista justa y completa sería imposible. Mis primeros maestros de guitarra Alvaro Bedoya en Colombia, Anri Shibata en Madrid, y luego Stuart Fox Miroslav Tadic y John Bergamo en California. Los argentinos y uruguayos Carlos Carli, Raul Carnota, Patrick Petruchelli y Juan Falú, fueron una inspiración y apoyo constante en mi vida. En España Hector Oliveira, Xavi Lozano y Eliseo Parra. Nunca lejos de la música pero más cerca de lo espiritual y lo relativo a la salud han sido imprescindibles Don Manuel Rufino, el Marakame Don Juan José Ramirez y el Hermano José son personas que han dejado huellas profundas.

 

 

 

 

Testimonio Autobiográfico en base a un antes y un después (parte 2)

Después…

Esa ceremonia me transformó para siempre. Sucedió que dejé de sentirme aislada, luchando por un lugar en el mundo. Se me reveló la certeza de que no soy sólo este cuerpo que habito, que mi ser trasciende estos límites que  entendemos como “yo”. El mundo es la extensión total de nosotros de lo que tratamos de designar como “yo”, y es allí, en ese único sitio, donde pasan todas las calamidades y donde se transforman todas las cosas. Esto no fue un descubrimiento metafísico o una conversión a una ideología, fue una auténtica revelación sentida por todas mis células. El fenómeno musical apareció como una experiencia capaz de producir una profunda sanación al desaparecer la distancia entre quienes escuchan y quienes tocan, todo es una sola vibración. Este tipo de entrega hacia los demás trasciende el interés que da de comer al ego. Es como si me llenara de amor y entonces se me hiciera claro el sentido verdadero de ser música.

El sueño ilusorio de la fama y del mercado se terminó como cuando una se despierta de una pesadilla o se restablece de una enfermedad. El ego en búsqueda de reconocimiento ya no tenía una realidad donde asirse. Reconocí el compromiso, el reto de ejercer la música como un servicio, empecé a amar profundamente todo cuanto hacía. En la medida en que consigo actuar en base a esta premisa de amor considero que tengo éxito en mi vida.

Conocí a Marisol Bock,que ahora nos acompaña en todo lo más importante, y nos pusimos a trabajar en vislumbrar una Educación para la Paz a través de la Música. Nos dimos cuenta de que participar activamente con la música en pro de un cambio social tenía que empezar por los niños. Y los niños no son sólo esos seres pequeños que van a la escuela. Era necesario fabular una escuela encantada que a través de la música llegara al corazón de todos los niños que somos, que nunca dejamos de ser. Realmente esto estaba en conexión con la idea original de la música como medicina que había ya surgido en las Nanas Urbanas que no era en realidad un CD exclusivamente para niños, y conllevaba esa idea de que los adultos necesitamos ser arrullados y a la vez despertar al niño que todos llevamos dentro, la música como medicina emocional que desentierra la confianza, impulsa la creatividad, y despierta la empatía con los demás. He comprobado innumerables veces la potencia de estos “efectos” curativos, es el antídoto contra la soledad lo que elimina la violencia.

Nos inventamos Rosalia Mowgli y La Escuela Encantada a partir de estas convicciones. En un principio para dar conciertos participativos para los niños y sus profesores en los colegios y salas con programación infantil con David Larrínaga (voz, sitar, guitarra) y Luis Gálvez (percusiones) poco después entró Marisol con quien también trabajamos el duo Chichía y Malús. Con ella estoy incorporando la noción de Escuela, no sólo concierto, un concepto más amplio que incluye explícitamente a los adultos con énfasis en las mujeres, para que la música sirva como herramienta para trabajar la paz.

El arte sólo tiene sentido si sirve para recuperar la salud de la madre tierra es decir nuestra propia cordura.

Rosalia Mowgli es el podo que me puse por amor al personaje de Kipling cuya lectura llenó mi imaginario infantil, fui encarnando ese síndrome de quien no pertenece ni enteramente a los humanos ni tampoco a los lobos, habitando esa franja de lo salvaje que quiere regresar y conducir una existencia libre y desnuda y en armonía con la naturaleza. En realidad estamos continuamente evolucionando de un modo que no es lineal y absoluto. De modo que para darle punto final a este escrito diría que toda mi vida no es otra cosa que el camino de un ser que va de las sombras a la luz y que ha elegido la música como instrumento.

Testimonio Autobiográfico en base a un antes y un después (parte 1)

En cuanto una se define como “profesión: cantautora” enseguida aparecen rostros de incredulidad ¿puede ser esto un trabajo? Cualquier mujer que se atreva a seguir semejante carrera sufre de una ansiedad por lograr entrar en el mercado comercial de la música y así “probar” que realmente es una actividad digna de ser considerada una verdadera profesión. Resulta que la idea de tener éxito está ligada a la posibilidad de sobrevivir como música profesional. Escribir canciones, dedicarse a tocar la guitarra, llegar a un nivel de eficacia que en tales artes son logros que si no se acompañan con unas cifras de ventas no son considerados valiosos. Parece que hubiéramos pactado la creencia de que este mundo competitivo y cruel que marca las pautas del paradigma capitalista y patriarcal es el “mundo real”, el único mundo, donde designamos triunfos y fracasos.

Antes…

He imaginado este relato biográfico con un antes y un después en base a esta dicotomía: lo que yo pensaba que era tener éxito y lo que ahora eso significa para mi.

Me había educado en el Conservatorio Superior de Música de Madrid y en el California Institute of the Arts en Los Angeles y salí al mundo fuera de la escuela creyendo que había un lugar donde mi inspiración original encontraría, como decía, un mercado que me permitiera vivir de mi trabajo. Perseguí este sueño como muchas otras compañeras de oficio.

Confirmo que salí ilesa del martirio del Conservatorio Superior de Música de Madrid y después cultivé el arte del más profundo y comprometido diletantismo en el California Institute of the Arts de Los Angeles donde me especialicé en un programa que llamaban “multi-focuss guitar” y colaboré haciendo música para danza contemporánea, teatro, dibujos animados y películas. Fuera de la universidad me lancé a tocar en innumerables, teatros, teatritos, cafés, bares, iglesias, escuelas, hospitales, residencias, universidades, parques, museos, por países como España, México, Colombia, USA, Alemania, Francia, Inglaterra, Holanda, Indonesia, Canadá, y Argentina, que yo recuerde, y esto es algo que sigo haciendo. Interesados en conocer a mis principales maestros mirar al pie de esta página.

Acababa de salir de Cal Arts y me fui a vivir a Tijuana México donde me dieron un trabajo de profesora de guitarra y apreciación musical. Hicimos La Caja Sonora (The Music Box) con la escultora y fotógrafa Carmela Castrejón, una Instalación Musical Interactiva (una escultura electro-acústica) se expuso en el Museo de los Niños de San Diego, CA. Corría el año 94, La Caja fue un éxito en San Diego y luego en Nueva Jersey así que pensamos que podríamos repetir la hazaña en Madrid, pero no fue así.

De vuelta en España en los años 2000 el mundo de los cantautores resultaba desolador, competitivo y tremendamente insolidario. Aprendí que entrar en el mercado suponía componer mutilando aquello que obligara al público a escuchar. Cuando hice mi primer disco “Paradoja” me explayé en arreglos muy jazzísticos y un AR de la Sony Music me hizo una gran revelación: “el problema de tu disco es que hay que escucharlo”. Algunos años después conseguí una cita con una discográfica, Harmonia Mundi, para realizar lo que fue mi segundo disco: "Nanas Urbanas". Interesados en saber a qué me refiero con dar el “guitarrazo”o cómo conseguí la hazaña de que una discográfica se mojara en pagarme el disco, ver mi blog aquí.

Como la discográfica, recién arruinada en España, no iba a pelear por mi disco decidí irme a Nueva York. Vi que la Compañía Nacional de Danza de España actuaba en el BAM  y no sé bien de dónde saqué el coraje pero de pronto  me vi atravesando  la puerta trasera de seguridad del Brooklyn Academy of Music con mi CD en la mano con una notita de “atención al programador”. A los 4 meses el BAM me ofreció una actuación. De pronto salía en el mismo programa donde se presentaban Cocha Buika y Macaco, viajé con los músicos que más quería, y nos pusieron en un hotel de 5 estrellas, y mi foto salió en un panel de luz blanca de 3 metros en un poste publicitario enorme en la esquina de Lafayette Ave donde iban pasando los artistas de esa temporada. Parecía como si lo hubiese logrado.

Corría el año 2008. El concierto pasó y volvimos a estar como siempre. La supuesta buena o mala suerte es un poco como lo del triunfo o fracaso, o como el del destino, un evento considerado bueno o malo desatainsospechados resultados. Acababa de tocar en el BAM de Nueva York con lo que sentía que todo era posible. Así tuve el coraje de dar el segundo guitarrazo y este fue a Juan Falú en El Taller Latinoamericano de Nueva York, lo que me valdría para ser invitada a su festival Guitarras del Mundo de la Argentina en 3 ocasiones de sus anuales encuentros. También hallaría a Bernardo Palombo, director de El Taller Latinoamericano, que me dio un gran impulso realizando la grabación de mi tercer disco SubVersiones de Música Tradicional y que luego renombré como Juniper. En este mismo viaje a New York apareció Kyra Popiel que me llevaría a tocar por cuenta del Town Hall a un colegio del barrio del Bronx.

Aquella actuación para los adolescentes negros y latinos que jamás habían salido del perímetro del Bronx y para quienes el BAM en Brooklyn estaba tan lejos como España, sembraron la primera semilla en mi corazón. Al día siguiente Kyra me llevó a conocer al maestro Don Manuel Rufino invitándome a una ceremonia con plantas sagradas en un tipi dentro de los bosques de Pennsylvania.

Cómo conseguí contrato con Harmonia Mundi Ibérica

La directora me atendió en zaguán de la puerta y modo de advertencia dijo: tengo dos cosas que decirte, una que no he escuchado tu maqueta y la segunda     es que solo tengo 5 minutos. Entré en un despacho y abrí la cremallera de la guitara: ¿vas a tocar?- dijo- ¿y qué quieres que haga? –le dije con las orejas calientes y rojas de rabia- si solo tienes 5 minutos y no has escuchado la maqueta! A este tipo de acción desde entonces le llamo “dar el guitarrazo”, funcionó entonces y funcionaría más tarde también en El Taller Latinoamericano en Nueva York con Juan Falú. Y así fue como firmamos lo que sería el último contrato de HarmoniaMundi Ibérica. Era el año 2007, las discográficas se desplomaron frente a la avalancha de las descargas por internet. El CD salió pero nadie iba a pelear por él recién nacido así que me fui a Nueva York a probar suerte.Lo tenía claro, la música era muy bella y tenía que defenderla. Me encontré atravesando la puerta trasera del BAM (Brooklyn Academy of Music) donde lo dejé “a la atención del programador”.